Sanatorio La Marina

Sanatorio_La_Marina

Serían las doce de la noche o así cuando nos colamos por una ventana; éramos dos: uno escéptico y el otro muy respetuoso, por decirlo de alguna manera, de lo paranormal. Hacía un frío horroroso, de ese de la sierra de Madrid, así que llevábamos de todo: chaquetones, guantes, etc. y por supuesto objetivos, trípodes, cámaras y dos linternas. Se hacía aún más difícil colarse por el ventanuco de lo que fue la garita de seguridad.

Ya una vez dentro llegamos a los jardines, que bañados por la luz de la luna y rodeados de los edificios en ruinas con todas las ventanas reventadas, recordaba bastante al típico sitio de las películas de terror que cuando los protagonistas entran, el espectador ya sabe lo que les va a pasar: ir palmando uno por uno (a veces queda un superviviente final que cuenta la historia); nosotros éramos sólo dos o sea que para poco guión daría. En fin llegado ese momento de las pelis de terror uno piensa: “¿para qué cojones se meten ahí? Serán gilipollas… es obvio que les espera lo peor”. Pues bueno, o no lo pensamos o nos lo callamos. Ahora quedaba decidir a qué pabellón entrar.

Entramos al que parecía tener más posibilidades por tamaño y apariencia. La puerta estaba abierta de par en par, se notaba que poco ya quedaba dentro por guardar. Lo primero que vimos (gracias a las linternas porque no se veía nada fuera de sus círculos de luz) fue la recepción de madera con una preciosa cristalera detrás que estaba en los puros huesos. Luego pasillos y más pasillos, en uno de ellos había un retrete roto en todo el medio que me intrigó por estar tan lejos de su natural habitat. Llegamos por fin a un sitio donde valía la pena poner las cámaras: un quirófano. Tenía la luz esa enorme encima de la cama de acero y todo, las paredes eran de azulejos medio caídos y roñosos. La secuencia a seguir era la siguente: encuadrar, iluminar la zona para tomar foco, iluminar la cámara para poner los parámetros (diafragma 2, tiempo de exposición cuatro minutos, iso 160 por evitar el mínimo ruido), apagar la linterna, encender un pitillo y click… 240 segundos en plena oscuridad -EN UN QUIRÓFANO ABANDONADO- mientras nos entreteníamos con charlas triviales (el “caca, culo, pedo, pis” suele funcionar de maravilla en estos casos) hasta que sonaba el segundo click de la ventanilla cerrándose.

Seguimos escaleras para arriba y nos topamos con una pequeña capilla, terrazas, habitaciones, etc… Lástima de las litronas rotas y los graffitis que rompían el enigma y a la vez agregaban un motivo más para cagarse de miedo… la posibilidad de toparnos con vivos chungos y salir de ahí paleados y sin cámaras. Al final de uno de los pasillos encontramos una habitación inmaculada, sin rastros de haber estado nadie después de que el último paciente salió de allí, o el último celador, sin más marcas que las que deja el tiempo cuando las cosas se dejan quietas y no se les da vida: era eso lo que buscábamos y de todo un hospital lo fuimos a encontrar en una habitación, con su radiador oxidado y todo. Así fue como tomamos esta foto. He de decir que durante todo este tiempo escuchábamos pisadas y golpes desde los pasillos, pero lo atribuimos a los crujidos de la madera y las corrientes de aire.

Las ganas de explorar y el coraje que daba el tiempo transcurrido sin pasar nada malo aún nos llevó a la parte más tétrica, el sótano: un pasillo con varias puertas tipo neveras de metal de esas que cierran presión. Recordaba mucho a una morgue donde guardan a los muertos. Uno de los dos quería seguir y se metió dentro de una de esas puertas mientras el otro decía que tenía mucho frío y quería ya marcharse. No hizo falta discusión ni intercambiar puntos de vista para ver quién ganaba, porque en ese momento empezaron a sonar unas cadenas… Sí, unas cadenas idénticas a las de miedo y segundos después un portazo. “¡Hostias tú! Vámonos cagando leches” “Ya ves”. Subimos otra vez a la planta baja y costó trabajo por el miedo, la oscuridad y lo laberíntico del sitio. Al llegar a la puerta por la que habíamos entramos (la que estaba abierta de par en par) nos la encontramos cerrada a cal y canto con unas cadenas que ataban ambas hojas. “Cago en todo” “Vaya putada ¿y ahora qué hacemos?” “¿Tío, y si nos han encerrado para darnos el palo?” “O algo peor” Encerrados a las dos de la madrugada en un sanatorio abandonado, “¡De puta madre!” El miedo a los vivos y a los muertos empezaba ya a mezclarse y a resultar todo muy confuso. “Calma, vamos a calmarnos y a pensar por cuál ventana salir” Volvimos para dentro y encontramos una cristalera rota, por ahí salimos, con cuidado de que no nos viera nadie y de una sombra de árbol a otra hasta llegar a la salida a la calle. Ahí estaba el coche, menos mal, vámonos.

“Señores, un momento por favor”. La policía: “les hemos visto salir del Sanatorio, ¿qué hacían dentro?”. “Tomando fotografías señor” “¿No sabe que es propiedad privada y por lo tanto allanamiento?” Aquí llegó el momento de la documentación, fingir ser tontos y no tener ni idea. Ni con esas nos salvamos: “Les llegará una denuncia a sus domicilios”. El poli malo se fue a la patrulla a rellenar sus papeles y el bueno se quedó de charla distendida con nosotros (nos venía bien una cara amigable después de todo) “Joder, menudo susto, hemos visto luces dentro y entrado a buscar si se había colado algún yonqui, nos recorrimos los pasillos, ¿no nos habéis oído?” Pues sí pero en esos momentos no se piensa que pueda ser la policía. “Total que al no encontrar a nadie hemos cerrado la puerta con una cadena para que no se colara nadie más”. Ya nos has jodido la anécdota…

Buenas noches.

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    • Po

      Hola Ana. Cuenta, cuenta… Jajaja. Nunca nos llegó la multa. Creo que lo habían hecho para asustar y como escarmiento aunque el verdadero escarmiento fue que nos encerraran dentro y esos minutos de incertidumbre. ¿Os encerraron también?

      • Ana

        Jajajajaja, q va, lo peor es q nos quedamos con las ganas de verlo… Pero tu historia me ha recordado mucho por el tema sobre todo del principio, quién morirá primero, esto pasa en las pelis de terror… Y todo el rollo también de poli bueno poli malo. Aunque he de decir que con nosotros no fueron tan amables, y nos recalcaron el tema de la multa, desde 300 a 1200€ varias veces… Espero que fuese para asustar solamente, porque menuda gracia…
        Al menos vosotros os llevasteis la foto, nosotros ni eso!

  1. Manuel Arbolí

    Pues como está de espantosa la casa, eso de la cadena está para que sea de veras del otro mundo y el policía también enviado desde allí. ¡Demasiada casualidad que ahora apareciera una patrulla!
    Manuel Arbolí

  2. Guiberodi

    ¡Qué visita de escalofrío! Me gusta mucho. Seguro que habréis robado más imágenes que han aprendido a no moverse 240 segundos a fuerza de prepararse por años. Me gusta mucho ésta, casi la veo como una metafórica puerta revolvente entre dos mundos, ¿hay algo más cercano a eso que cualquier hospital por flamante que se presente? Disfruté la incursión de los yonquis en el relato/escena, como representantes de un limbo, tanto como la llegada de la policía, capaz de atascar cualquier caudal de aventuras.

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