Vivir varias vejeces

Vivir varias vejeces

Madrid, tarde de invierno.

Si no sois viejos aún, que cada uno es libre de decidir cuándo lo es, es recomendable serlo un día (o varios) mientras se es joven.

Hay que escoger un día que sea puente o vacaciones para vivir a tope la experiencia y levantarse pronto (tampoco madrugar, 8 am es suficiente) para tomar el café mientras se saborea todo el día que tenemos por delante lleno de tiempo libre para nosotros mismos. Lo más importante es tomarse todo con mucha calma. Luego se puede salir a dar la vuelta, no confundir con ir a algún sitio, que no es lo mismo: dar una vuelta es pasear porque sí. Ya en este punto empezaréis a notar mucho placer. Si lleváis un bastón os puede servir para empujar un adoquín que se asome de entre todos los demás para recolocarlo o para señalar algo si alguien os pregunta direcciones. Durante esta aventura matutina siempre hay gente trabajando en las calles a la que podéis aconsejar acerca de sus trabajos y de paso soltar alguna anécdota.

Después de comer es imprescindible echarse una siestecilla que puede ser en la propia mesa, provocada por la propia paz y calma en vuestro interior. Para pasar la tarde no está de más ponerse al fresco, que os dé el aire. Podéis ir con vuestro cónyuge o quedar con colegas en un banco o fuente para charlar, competir y quejarse que es muy sano (ya en otro post hablaremos de las ventajas que tiene quejarse).

Hay mil variaciones y aquí sólo he puesto las más típicas (perdón por los tópicos pero eran necesarios para la explicación). Está permitido que uno se invente su propia vejez y haga lo que quiera; lo único que sí es imprescindible es tener sabiduría (no conocimientos que al final no valen para nada) y comportarse como tal: hacer las cosas con la calma que se tiene cuando la prisa no tiene razón (pasad de estar al día que es un coñazo seguir el ritmo), disfrutar de los pequeños placeres (en los que se puede incluir enfurruñarse por algo o reñir a un chaval que pasea en “longboard”, como le llaman los modernos, temerariamente), tener las cosas muy claras aunque sean erróneas, pasar de la opinión de los demás en todo lo que no nos importe sin tener que disimular (¡qué maravilla!) y haced lo que os dé la gana sentando cátedra.

Es muy enriquecedor también hacer caso a nuestras manías. No nos engañemos: todos las tenemos, lo que pasa es que por pudor o vergüenza o lo que sea no las sacamos a pasear. Éste es el momento. Si no tenéis ninguna habrá que inventar porque nos hacen únicos. Lucio, que tiene 90 años, le tiene manía a los viejos, con lo cual queda claro que todas son igual de válidas.

Luego están las palabras que se pueden usar sólo si es viejo: mozo(a), google (decidlo en castellano con su doble “o” y la “e” del final, ya veréis como se disfruta en la boca), chata o chato, cachivache, La Telefónica, etc.

Hay mucha gente que vive segundas adolescencias y tal; con perdón: menuda mierda. Es poco original y tampoco parece tener demasiados beneficios; lo que hay que hacer es intentar vivir varias vejeces y para eso es mejor empezar cuando uno aún es joven. Le tememos a la vejez por culpa de los estragos que deja el tiempo y su desgaste, por sus achaques y sus cuidados. Es una pena; de verdad que lo es porque parece una gran etapa de la vida, tal vez la mejor para sentirse pleno. Ojalá la naturaleza nos echara un poco la mano y nos permitiera vivir varias vejeces.

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  1. Guiberodi

    Esta foto me ha encantado! La vejez o la ancianidad, para incluir una palabra con sentido más positivo, es algo que me ha tocado de cerca y sensibilizado. ¿Qué convoca? Ese sitio debe tener una señal de convocatoria para reunir en él a casi un milenio de vida, acompañados de árboles y estatuas capaces de ganarles en años y gallardía. Todos ancianos con apariencia de estar bien cuidados y de ser señores de sus años.

    ¿De qué hablan? Hay entre ellos un grupo frontal de seis personajes juntos, aunque distantes. A la izquierda un grupo de tres señoras, ¿en charla? Una de ellas es la única de toda la foto que está de espaldas y de pie, pareciendo dejar manifiesto que ella no tiene aún las credenciales para ocupar un sitio ahí. Ella, “desde fuera” habla o espera respuesta de las dos potenciales interlocutoras que aunque las tiene de frente, parecen estar más comprometidas dialogando entre ambas. Además, son seguidas de cerca con la mirada de su vecina de la derecha que al mismo tiempo parece alejarse con el cuerpo.

    ¿Dónde estás? Sigue en el grupo el único hombre. Mira hacia afuera de todo, mirada ajena al entorno, incluso a su pie que parece despertar levantándolo con el bastón. Estará oyendo y pasando de las viejas a su derecha o acabará de ser descubierto por la de su izquierda que ríe satisfecha de haberlo pillado?

    ¿Cómo se ve LA SEÑORA? Cierra este grupo a la derecha de la foto la señora que ríe, será con el de al lado, un viejo a lo mejor gerontofóbico como Lucio o con las tías del otro extremo? En todo caso, ella está ahí disfrutando, estirando la punta de los pies para no perder suelo y recogiendo el bastón bajo la pierna en perfecta alineación con el bastón de su vecino. Se ha peinado y cubierto de visón, ¿sería de siempre el abrigo? ¿Cómo se vería ella a mitad del siglo pasado cuando se lo probaba frente a un gran espejo? ¿Esperaría un día de invierno verse con él sentada con las piernas abiertas sobre la piedra de un monumento en una plaza pública? Ya no importa cómo se vio aquel día, ni si el abrigo la acompañó varias décadas, hoy se ve de maravilla, lo lleva segura como LA SEÑORA tan dueña de él como de la alegría de quien es dueña de su vida.

    ¿Vivir varias vejeces? No sigo, con esto ya puedo decir gracias porque he empezado con los personajes a vivir varias vejeces. Me encanta la foto, me encanta y provoca tanto, pero eso de disfrazarse de viejo un día, eso no sé, no sé…

  2. Marbagoro

    Me gusta la reflexión sobre la vejez presentida desde la juventud.
    Ojalá la naturaleza nos echara también la mano en vivir varias juventudes…..

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